lunes, 29 de noviembre de 2010

EXPERIENCIA CON MI AVIÓN

                                  EXPERIENCIA CON UN AVIÓN                                                                  

“¡Es una tontería a esta edad en la que estamos y disque un avioncito con qué objetivo!”. Ésta fue una de las discusiones que escuché en torno a una tarea propuesta por el profesor Wilson Gómez, en la que nos proponía construir un avión en cualquier material y hacerlo volar sin motor. Recuerdo que ese día llegué a mi casa como de costumbre y recosté mi cabeza sobre la almohada para meditar. En aquel instante, recordé que un año antes estuve en una feria ubicada en el sector del Real de Minas y que mi novio había construido un modelo para elaborar más copias de ese avioncito. Era de balso, tenía la estrategia de volarlo con sólo lanzarlo y era divertido, aquellos aviones iban a regalarse a las personas que pasaran por allí a observar la exposición de aviones con motor y aeromodelos. Entonces, ese día recorté balso, armé piezas del avión, luego las junté hasta terminar los aviones.

No recordaba que tenía ese avión, pero con aquella tarea, llegó aquel recuerdo a mi memoria.  Me dirigí a mi caja personal y encontré el avioncito sin pintar. Quizás estaba destinado para esa tarea, no sé. Así que con mucha dedicación lo tomé en mis manos y lo pinté de los colores que a mí más me gustan: El blanco y el Azul. Lo pinté de una forma descomplicada y lo dejé secar para el día en que debía llevarlo. Nunca pensé que aquella mañana nos dirigiésemos a esa cancha, menos que estuviera tan llena de pantanos. No importó, me mojé los pies y me fui a ver los resultados de mi avión. El profesor parecía un niño tomando fotos con los aviones y yo me sentía extraña, como una niña de preescolar, luego dijo que lanzáramos el avión. Unos estaban construidos de papel, otros con pitillos y telas y el mío de madera. Los de papel volaban muy bien, el mío no llegó tan lejos pero me sentía satisfecha, pues con un par de arreglos volaría mejor. Aveces no sé qué pensar de aquella actividad, pero la asimilé al destino de cada persona, a la fuerza con que lances el avión de tu vida hacia una meta. Yo lo lancé con alegría y mi avión lo sentía como una criatura especial. Aquella experiencia siempre me va a parecer extraña y aun más con la edad que poseía, sólo sé que deduje mi propia perspectiva de la vida desde aquel avión.



No hay comentarios:

Publicar un comentario