domingo, 7 de agosto de 2011

Un encuentro lleno de sorpresas

Me hallaba en un congreso de Literatura Colombiana en la sede de la Uis de Bucarica, uno de aquellos donde parece haber mucha congestión, pero no es así. Entraban muchas personas de Colombia y de todas partes del mundo. Entonces, llegan mis compañeros de Logística, encargados de entregar material como revistas sobre estudios literarios, certificados de asistencia, lapiceros, un CD para cada persona y otros elementos, todos ellos dentro de una curiosa tula que portaba el nombre de la Uis. Era un momento en el que debatíamos sobre quien estaba atractivo, a quién le sobraba y a quién le faltaba. Clasificábamos a los más “Papis” como solemos llamarlos y entre ellos habían españoles, Colombianos y Norteamericanos. De pronto, vi a un escritor sentarse en el llamado patio español, un patio realmente atractivo que respondía a mis ideales y que  al parecer, lo era para todo aquel que llegaba allí. Era un hombre como de unos 65 años pensé en ese momento, pero el día anterior ya lo había visto en una conferencia como moderador, pero eso no importaba en ese momento. Bastaba con saber que aquel señor tan serio en su aspecto, se sentó a contemplar un libro que había comprado un pasillo antes y su mirada brillaba como si se tratase de un tesoro apreciado. Lo guardó en su tula blanca con letras verdes y yo, sentada a unos cuantos metros lo observaba. No sabía si acercarme a hablarle, pues suelo ser muy tímida y estando frente a un escritor tan recorrido en su profesión y tan destacado en sus obras, no sabría si moriría en el intento de conversar con él, o si de verdad lograría el objetivo de conocerlo un poco y de que él también me diera esa oportunidad. Hacía maromas con mis manos en señal de indecisión y nerviosismo, nunca antes había hablado con un escritor de su talla y la verdad me daba pánico embarrarla en algún instante, en alguna palabra, en alguna controversia con él. Pero en un arranque de decisión me paré firme, relajé mis manos y me dirigí hacia él. Me pasaba algo parecido al chapulín colorado cuando teme algo: Sí voy… Sí voy… y mi propio yo me dijo: Pero ya. Me acerqué a él y me auto invité a sentar. Me presenté, diciéndole ¡Buenos días, mi nombre es Yuri y pertenezco al grupo de estudiantes de logística en la organización de este congreso! Sentí que debía decirle algo así para demostrarle que yo también tenía importancia allí. Él me miró y me dijo ¡Mucho gusto Yuri, mi nombre es Álvaro Pineda Botero! Y enseguida me preguntó ¿Ha oído hablar de mí? Yo le respondí lo que debía decirle: De hecho lo hallé en una página de Internet donde se destacan los escritores más destacados en Colombia e intenté hacerle una entrevista, pero nunca olvidaré que usted se mostró muy interesado en cumplir aquella petición mía y no sabe cuánto se lo agradezco. Pero me basta con que ahora lo tengo de frente y tengo el placer de conocerlo. Él se sonrojó. Pero sus canas, su forma de hablar y su tono me mostraban a un hombre muy sabio que no le gustaba andar como otros escritores vanagloriándose de lo que hacen. Sus gestos eran los de un hombre prudente. Me dijo qué había ocurrido con la entrevista que le iba a hacer, le mentí diciéndole que el profesor había decidido dejarla para después. Luego me dijo ¿cuál es el asunto? Me sentí como si me dijera: entonces para qué viniste a hablarme. Pero no era así. Empezó a preguntarme sobre mi carrera profesional, los autores que más me gustaba leer y los que no. Le dije que me gustaba la Literatura Española, sobre todo, desde la novela Picaresca hasta la literatura del siglo XIX. Le sorprendió que me gustara ese tipo de novelas, pues como me dijo, los maestros de la literatura de hoy se han olvidado de aquellas obras y me preguntó también si escribía. Le dije que escribía cuentos desde niña y tenía cuadernos con solo cuentos, pero cada vez que los veía me daban risa. Él también sonrió. Le dije que desde hace dos años escribía cuentos con personajes diversos, combinaba muchos personajes de la vida real para crear tan solo uno de mis personajes literarios. Le comenté que llevo casi un año tratando de escribir una novela y que quería que fuera extensa, por ahí de unas 300 páginas o algo más. A él le pareció interesante. Me dijo que podía tratar de rescatar la novela picaresca y al parecer, pudo ver en mis ojos que ese era mi fuerte. A  mí también me gusta la picaresca, me dijo. Novelas como el Lazarillo de Tormes o el Buscón son grandes éxitos, son creaciones de grandes genios.
Hasta ahora, todo iba muy bien. Me preguntó sobre mi niñez, sobre mis profesores, sobre las materias que veía y yo le respondía atentamente. Incluso le confesé que a los 17 años, antes de entrar a estudiar Literatura, había cursado un semestre de enfermería en una escuela y me decepcioné, pues me daba mucho miedo la sangre y  allí comprendí lo frágil que es la vida humana y lo poco que vale el hombre ante la muerte. Él se quedó sorprendido y me dijo ¡Eres muy sabia para ser tan chica! Yo lo tomé como un alago. Luego le dije, que yo había hablado de mí y que él no había narrado nada de él. Me dijo que entonces le preguntara lo que quisiera. Yo le pregunté ¿Cuál es su escritor favorito? Él me respondió que Cervantes y sin preguntarle que por lo contrario, cuál era el autor que no le llamaba la atención, me dijo ¡No me gusta García Márquez! El escrito creía que García Márquez se centraba en un mismo estilo y que a él no le gustaba un escritor con la misma rutina y los trazos tan similares. También yo comparto su opinión, le dije. Tenemos muchas cosas en común, maestro. Él volvió a sonreír. Todo iba tan ameno, cuando una señora encopetada se acercó y lo saludó de beso. Empezó a hablar de sus investigaciones literarias como si se echara flores, mientras que el maestro trataba de despedirse de ella y seguir la conversación conmigo. Me sentía celosa, pues no me gustan las interrupciones. Por fin aquella señora se despidió y se fue, y eso porque la llamaron por celular para un encuentro. Retomamos la conversación y le dije que era la segunda vez que veía Literatura Española porque un profesor inescrupuloso al que nunca le voy a perdonar haber rebajado mi gran esfuerzo a nada, me dejó en la materia y que ahora la estaba repitiendo con Ana Cecilia Ojeda. Él me dijo que ella era toda una dama y muy querida y que a la vez, era muy exigente, pues así como era tan querida, era también muy estricta y ética con su profesión. Yo había deducido antes eso, desde el primer momento que la vi allá en la Escuela -pensé- vi en sus ojos con quién me iría a encontrar más tarde. Mientras yo recordaba eso, llegó otra entrometida señora a interrumpirnos. Ella sí se sentó de una vez y parecía no acabar nunca. Él me presentó con ella, le habló muy bien de mí. Yo seguía esperando hasta que me cansé y les pedí un permiso, pues pensé que mientras perdía tiempo escuchando a aquella señora que parecía no querer compartir su conversación conmigo, allí en la Portería me necesitaban. Me retiré y me senté.

Pasaron como diez minutos y yo estaba buscando los papeles de un señor de esos que solo vienen a hacer sus ponencias y se van a su país o ciudad de origen. Le entregué sus papeles en la tula junto con las revistas y escuché la voz de un hombre que me llamaba ¡Yuri! ¡Yuri! Yo me levanté a mirar quién me llamaba, pues había gente tapando el panorama y vi que era el escritor con el que hace unos instantes hablaba tan entretenidamente. Me dijo, que lo acompañara afuera que necesitaba decirme algo. Salí entonces detrás de él sin saber cuáles serían sus palabras, de nuevo, me sentía como el chapulín colorado. Me dijo: ¡Te tengo un obsequio! Y sacó de su tula un hermoso libro cuya portada tenía la pintura de tres mujeres bellas. El libro se llama: El esposado, memorial de la Inquisición. Yo me quedé sorprendida sin saber qué decir, cómo decírselo, cómo agradecerle. Pero aún más me asombré cuando me dijo ¿Qué dedicatoria quieres que te escriba? Yo le respondí que me escribiera unas palabras de las que nunca me olvidara y que me hicieran recordar el enorme espíritu de sabiduría que él tenía. Me escribió algo muy bonito, en señal de amistad y en señal de que de ahí en adelante él sería un maestro para mí y que yo podía acudir cuántas veces quisiera a él, como a un amigo. Entré y todos me vieron entrar con aquel libro y me preguntaron de qué se trataba. Yo les dije que el maestro Álvaro Pineda Botero me lo había regalado y empezaron a llenarse de interrogantes de por qué el obsequio y qué había hecho para ganarme un obsequio de aquel escritor. Yo solo respondí con una frase: Supe llegarle a él, supe ser yo misma sin apariencias, estar segura y satisfecha de lo que soy y eso es lo que aprecia un verdadero sabio.

De los sin sabores de la vida

De los sin sabores de la vida
 
 

Para una mañana calorosa, era apenas esperable que fuera sorprendida por los avatares del día. Aquí es entonces donde intento decir lo particular, muy particular que en cualquier momentos nos puede pasar.
Ella quien a simple vista no cautiva todas las miradas y al parecer no es su intención escuchar chiflidos por cada pasillo que pase. Lleva en su cabeza el accesorio del día: una bobina azul, que además de todo está tejida. Su piel es trigueña, su rostro es algo ovalado, sus cejas forman una figura entre circular y recta, sus cejas no son del todo definidas. Además debo mencionar, que sus ojos no son demasiados expresivos, parece haber detrás de ellos un claro rastro de tristeza; ¿a causa de qué? ¿Amor? ¿Inconformidad? ¿Angustias? ¿Ansiedad? Tantos interrogantes que se me ocurren y quizás su propia voz nos dé la respuesta.

Esta mujer nace accidentalmente el día 11 de marzo del año de 1989, y digo accidentalmente pues porque al parecer como suele suceder en una sociedad como la nuestra, no fue fruto de un amor acordado, planeado y quizás deseado; sino por la imprudencia de la pasión que no da tiempo para pensar, ni siquiera de respirar. Yuri Esmeralda Romero Quiroga, cuyo nombre corresponde a la mujer que intentamos retratar. Ella ha sido protagonista de fuertes cambios en su vida, pareciera entonces que esta última, se ha propuesto enseñarle a Yuri los gajes de existir en un mundo tan paranoico como al que estamos expuestos a diario todos aquellos quienes decidimos aceptar el reto de vivir. Así pues, ella es hija mayor de tres hermanos, dos de ellos mujeres, incluida ella y un varón que para la ocasión no tiene mucho que agregar.
Y aunque no hubo mucho tiempo para confesiones, Yuri nos dejó a flor de piel algunos de sus más íntimos secretos. Como suele pasar en una cultura patriarcal como la nuestra, que ha sido acechada por la injuria de los ancestros cuyas raíces se fundamentan en la imposición del valor, el respeto, la honra y lealtad a todo varón, sin importar los agravios que pudiera esto traer. Ella crece en un hogar de padre machista, quien como en una suerte de desquite con la vida, quemaba las muñecas de Yuri, pero por azares de la vida su madre, le confesiona clandestinamente una de trapo; esta muñeca se convierte para ella en su más fiel compañía.
Y aunque sin queja con la vida, no ha sido víctima ni del hambre ni de la pobreza; acostumbrada entonces a vestir de vestido de golas y zapatos de charol, de guantes de  seda, ahora enfrenta las malas jugadas que la vida le depara sin ni siquiera ella imaginarlo.
Esta mujer de piel trigueña no podía llorar, el derecho más humano a ella se lo violaron por décadas y ahora, su impotencia para hacerlo, se le transforma en un odio reprimido y fatigante. Sin embargo, el contacto con la gente ha permitido modificar esta firme dureza, suele ser bondadosa con los más necesitados, suele dar limosnas y todo cuanto pueda.

Dentro de sus preferencias están los gatos, preferencia que ahora es la culpable de su más inesperada noticia. Ha Yuri se le ha descubierto ser estéril, en su sangre recorre un pelo de gato; ese es el resultado que le dio su médico de turno. Ahora, con pocas posibilidades de ser madre se enfrenta a fuertes crisis depresivas, a tal punto que ha recurrido al suicidio, en dos ocasiones. La primera vez, fue a los quince años, se colgó de una soga y por fortuna su madre llegó y con una macheta cortó el laso. Su segundo intento, fue hace un par de meses cuando recibió la noticia de su infertilidad; recurrió a tomar una papeleta de veneno campeón, duro internada tres días. Como resultado en la actualidad Yuri recibe asesoría profesional en trato psicológico, pues paralelamente a su crisis depresivas, ella presenta un bajo nivel de autoestima.
Quién lo diría, una fuerte noticia; y a veces pensamos que nuestras tristezas, nuestras angustias son las más grandes, pero inevitablemente son las nuestras, las que nos agolpan y nos desmoronan la vida. Esta mujer ahora nos da una razón más para pensar en las simplezas tan inteligentes y lógicas que nos puede dar la naturaleza y la vida misma.  
    

Crónica de una chica solitaria

Después de hastiarme de las largas vacaciones, iba a la clase de Didáctica de la lengua Materna con un poco de vacío porque me sentía  perdida, y qué mejor para empezar la mañana que entrevistando a la compañera de la que no sé mucho. El profesor pidió una entrevista que deslumbrara, que hiciera una ruptura con la rutina y lo común de la vida normal que lleva la gente. Empecé entonces a hablar con mi compañera. Por cierto, Katherine Suárez es una chica de ojos expresivos y radiantes, a ella no le gusta maquillarse, pues a veces el maquillaje resulta una rutina harta. Sin embargo, ella es muy vanidosa, le gusta portar su cabello bien peinado, si el viento quiere jugar con su lindo cabello, ella le da permiso porque es la sensación más agradable que puede experimentar una chica como ella. A Katherine le gusta ir al cine, pero yo no me atreví a preguntarle por qué, si quizás el cine tiene algún significado especial para ella o algo así. Me basta con saber que a ella la desesperan los domingos por ser los días más solitarios donde no se encuentra un buen plan por hacer y además de eso, odia las fiestas familiares cuyo ambiente se vuelve rutinario y aburrido, pues no es lo mismo estar con la familia exigente que con un amigo. Es todavía más interesante saber que a aquella chica no le gusta para nada rogarle a la gente para que trabaje en grupo, unos no trabajan nada y siempre termina ella sola respondiendo por los demás y ya sus profesores la conocen ¡De nuevo sola Katherine! También odia las mentiras, es capaz de someter a alguien a su detector y descubrirlo en un abrir y cerrar de ojos y es muy difícil que el mentiroso se le escape pasando por prudente, tendría que ser muy astuto. Asimismo, detesta la hipocresía, ella prefiere la sinceridad por más dura que sea y no la falsedad por buscar algún beneficio. Hay de todo en la vida, pensé yo, pues de cierta manera yo pensaba lo mismo que ella en ese sentido.


Si hablamos de seres amados y odiados por esta simpática chica, ella no quiere ni un poquito a su madrastra, pues según como la describe ganaría el premio olímpico como la madrastra más bruja que haya existido, pues Katherine nunca soportó las injusticias que se cometieron con ella por culpa de aquella mujer y al parecer, sabe ocultar muy bien su rencor hacia ella sin hacer comentarios. Quizás esa es la razón que yo justificaba cuando ella me dijo que era muy desapegada de su familia, que le gustaba ser independiente y tratar poco con ellos. A Katherine no le gusta demostrar lo que siente y hablando con ella sobre la persona a la que más amaba, su novio Sneider, no veo el reflejo de la melancolía y la tristeza. Me paralizó cuando me dijo que su novio estaba muerto y ella lo seguía amando. Sí, la vida le quitó una de las esperanzas que ella tenía y al parecer ella se hace directamente responsable. Me dice: “El que la hace, la paga”, pues sus palabras dejaron al descubierto que a ella no le importó lo que sintieron muchos chicos por ella y ahora ella no era correspondida. La muerte le arrebató a su amado Sneider en un accidente de tránsito fuera de la ciudad y de la forma más trágica que una persona pueda perder el hilo de su vida. Al igual que yo, ella dedujo que la vida no es nada, es muy frágil y  todo se puede acabar en un momento. Sin entrar en más detalles, a ella le gusta la soledad, por ahora prefiere no darle una oportunidad a su corazón, esperará que el tiempo pase hasta que llegue alguien que la convenza realmente de su sinceridad. Le gusta estar sola para recordar, para reír, para llorar o coger a golpes su almohada, no importa, ella disfruta su soledad. En cierto modo, Katherine es una chica que encierra mucho misterio y no es suficiente con conocerla y saber de ella muchas cosas, pues entre más parece conocerse más lejos se puede estar de definir a la simpática y única Katherine Suárez, a la que sus  ojos traicionan lo que en verdad siente y la que prefiere andar sola que mal acompañada.

Mi historia escolar parte 2

Llegada la edad de 22 años, pensé más que nunca en que mi oficio como estudiante de literatura no sólo debía concentrarse en leer solo las demás obras literarias, sino también descubrir cuáles podían ser mis talentos de escritora, es decir, descubrir si sería buena para escribir cuento, poesía, novela, relatos o crónicas, entre otras cosas. Así que cada día me dedicaba a escribir un cuento, pero cada vez más observaba que si un día un escrito mio me parecía maravilloso, otro día lo vería como algo ridículo que debía mejorar. No sabía si rendirme o seguir enmi intento, pero pienso que uno de los elementos más sencillos de una obra es definir el final, pero el comienzo de una historia siempre va a traer inconvenientes y caminos poco sencillos para lograr desde un comienzo captar la atención del lector. Leía muchos cuentos, entre ellos los de García Márquez y al final terminé detestando sus obras, ya no me causaban interés por ver un estilo propio de todas sus obras. Decidí leer e Kafka, leer artículos sobre temas cotidianos sobre la juventud como las nuevas tecnologías y su significado para los jóvenes. También leí novelas picarescas como El Lazarillo de Tormes, El Buscón, El Guzmán de Alfarache y por quinta vez El Quijote de la Mancha.



  

Después de pasar el séptimo semestre de estudios, y claro, de haber reprobado la asignatura de Literatura Española por falta de ética profesional de un maestro, viví la mejor experiencia que haya podido vivir. Pensé entonces que la vida me había puesto en el camino de la profesora Ana Cecilia Ojeda, la profesora con la que repetí aquella asignatura por primera vez y de ella pude deducir no sólo cómo un docente puede convertirse más que un profesor: En un maestro, en un amigo, en un verdadero ejemplo para la vida profesional. Allí me atrajo el tema de la novela Picaresca, me atrajo mucho más la lectura, la investigación, la misma vida. Entonces quise imitar esos estilos a través de los temas actuales, no sólo escribía sobre lo que veía y me sorprendía, también escribí sobre lo que algún día hubiese querido ser, recreaba el mundo de cada personaje d emi cuebnto de diferentes actitudes, unos locos, otros más dementes, otros alegres, otros solitarios y otros muy soñadores. De todas las personalidades estaban dotadas mis personajes, pero siempre pensé que había una chispa que le hacía falta a cada uno, no sé si más acción, si una personalidad diferente o depronto, algo más extrovertido. De los errores se aprende y asimismo, de los intentos. nunca se puede lograr algo casi perfecto con la primera vez, siempre se debe seguir con los intentos para lograr una escritura interesante y pertinente a lo que quiere un público. Escuchaba a los profesores criticando como siempre a Paulo Coelo, Walter Risso y otros autores, no lo comprendía y pienso que nunca lo voy a entender. cada autor tiene su estilo y no hay derechoa criticar  nadie. Pienso que si a X o Y persona le gusta a garcía Márquez, a otros no les va a gustar y no por eso se debe criticar su obra. Si se venden aquellos escritos por cantidades grandes algo debe tener de sentido, como dice un dicho: "Para cada libro, hay un tipo de lector", y eso no se puede  cambiar. Aprendí en Didáctica de la Lengua materna a definir más técnicas de la fotografía y cómo jugar con la fotografía, me pareció muy curioso e interesante. Lo más bello que me pudo ocurrir en aquel trance entonces, fue conocer al escritor Álvaro Pineda Botero, un talentoso escritor oriundo de Medellín, quien había asistido a un Congreso de Literatura Colombiana donde venía gente de todo el mundo y todas las culturas ¡Maravilloso! me parecía. Más increíble fue recibir uno de mis regalos más hermosos que haya tenido: Un libro de aquel escritor. Se llamaba El Esposado y trataba sobre la época de la Inquisición centrándose en un personaje muy recorrido que terminó en prisión. Nunca olvidaré no sólo su hermoso detalle, sino también aquella dedicatoria que me hizo respetuosamente. Leí desde entonces su libro, ls revistas de Literatura que me obsequió la profesora Ana Cecilia Ojeda, así como la revista de semiótica y un compendio de investigaciones sobre obras literarias. Fue un momento, quizás, una época en la que se abrieron muchas puertas para conocer qué me esperará más adelante y camino debía tomar frente a la escritura, dejando atrás mi sentimiento de fracaso frente a la misma y creyendo no sólo en mis talentos, sino en que tengo las puertas abiertas de grandes maestros escritores para mejorar mi escritura. Por aquel momento entonces me dediqué al análisis de obras literarias, a escribir lo que pensaba de ellas, mis hipótesis sobre los personajes y la vida de cada uno de ellos y por supuesto, dándole más vida a personajes en cuentos, crónicas y tratando de escribir una novela que por ahora, pienso que será algo extensa.