Llegada la edad de 22 años, pensé más que nunca en que mi oficio como estudiante de literatura no sólo debía concentrarse en leer solo las demás obras literarias, sino también descubrir cuáles podían ser mis talentos de escritora, es decir, descubrir si sería buena para escribir cuento, poesía, novela, relatos o crónicas, entre otras cosas. Así que cada día me dedicaba a escribir un cuento, pero cada vez más observaba que si un día un escrito mio me parecía maravilloso, otro día lo vería como algo ridículo que debía mejorar. No sabía si rendirme o seguir enmi intento, pero pienso que uno de los elementos más sencillos de una obra es definir el final, pero el comienzo de una historia siempre va a traer inconvenientes y caminos poco sencillos para lograr desde un comienzo captar la atención del lector. Leía muchos cuentos, entre ellos los de García Márquez y al final terminé detestando sus obras, ya no me causaban interés por ver un estilo propio de todas sus obras. Decidí leer e Kafka, leer artículos sobre temas cotidianos sobre la juventud como las nuevas tecnologías y su significado para los jóvenes. También leí novelas picarescas como El Lazarillo de Tormes, El Buscón, El Guzmán de Alfarache y por quinta vez El Quijote de la Mancha.
Después de pasar el séptimo semestre de estudios, y claro, de haber reprobado la asignatura de Literatura Española por falta de ética profesional de un maestro, viví la mejor experiencia que haya podido vivir. Pensé entonces que la vida me había puesto en el camino de la profesora Ana Cecilia Ojeda, la profesora con la que repetí aquella asignatura por primera vez y de ella pude deducir no sólo cómo un docente puede convertirse más que un profesor: En un maestro, en un amigo, en un verdadero ejemplo para la vida profesional. Allí me atrajo el tema de la novela Picaresca, me atrajo mucho más la lectura, la investigación, la misma vida. Entonces quise imitar esos estilos a través de los temas actuales, no sólo escribía sobre lo que veía y me sorprendía, también escribí sobre lo que algún día hubiese querido ser, recreaba el mundo de cada personaje d emi cuebnto de diferentes actitudes, unos locos, otros más dementes, otros alegres, otros solitarios y otros muy soñadores. De todas las personalidades estaban dotadas mis personajes, pero siempre pensé que había una chispa que le hacía falta a cada uno, no sé si más acción, si una personalidad diferente o depronto, algo más extrovertido. De los errores se aprende y asimismo, de los intentos. nunca se puede lograr algo casi perfecto con la primera vez, siempre se debe seguir con los intentos para lograr una escritura interesante y pertinente a lo que quiere un público. Escuchaba a los profesores criticando como siempre a Paulo Coelo, Walter Risso y otros autores, no lo comprendía y pienso que nunca lo voy a entender. cada autor tiene su estilo y no hay derechoa criticar nadie. Pienso que si a X o Y persona le gusta a garcía Márquez, a otros no les va a gustar y no por eso se debe criticar su obra. Si se venden aquellos escritos por cantidades grandes algo debe tener de sentido, como dice un dicho: "Para cada libro, hay un tipo de lector", y eso no se puede cambiar. Aprendí en Didáctica de la Lengua materna a definir más técnicas de la fotografía y cómo jugar con la fotografía, me pareció muy curioso e interesante. Lo más bello que me pudo ocurrir en aquel trance entonces, fue conocer al escritor Álvaro Pineda Botero, un talentoso escritor oriundo de Medellín, quien había asistido a un Congreso de Literatura Colombiana donde venía gente de todo el mundo y todas las culturas ¡Maravilloso! me parecía. Más increíble fue recibir uno de mis regalos más hermosos que haya tenido: Un libro de aquel escritor. Se llamaba El Esposado y trataba sobre la época de la Inquisición centrándose en un personaje muy recorrido que terminó en prisión. Nunca olvidaré no sólo su hermoso detalle, sino también aquella dedicatoria que me hizo respetuosamente. Leí desde entonces su libro, ls revistas de Literatura que me obsequió la profesora Ana Cecilia Ojeda, así como la revista de semiótica y un compendio de investigaciones sobre obras literarias. Fue un momento, quizás, una época en la que se abrieron muchas puertas para conocer qué me esperará más adelante y camino debía tomar frente a la escritura, dejando atrás mi sentimiento de fracaso frente a la misma y creyendo no sólo en mis talentos, sino en que tengo las puertas abiertas de grandes maestros escritores para mejorar mi escritura. Por aquel momento entonces me dediqué al análisis de obras literarias, a escribir lo que pensaba de ellas, mis hipótesis sobre los personajes y la vida de cada uno de ellos y por supuesto, dándole más vida a personajes en cuentos, crónicas y tratando de escribir una novela que por ahora, pienso que será algo extensa.

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